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TAREA PENDIENTE: POLÍTICAS DEL LIBRO Y LA LECTURA

Desafíos para el nuevo gobierno

Publicado: 2016-08-02


Estamos a inicios de un nuevo gobierno, lo cual siempre abre las puertas a nuevas posibilidades, más aún cuando los cinco años de Ollanta Humala significaron, básicamente, oportunidades perdidas. Pero no por falta de gente capaz. Conocí a muchos profesionales empujando proyectos y obteniendo resultados interesantes desde dentro del Estado, pero esos esfuerzos tenían un techo muy bajo. Desinterés y falta de voluntad política impidieron que haya verdaderas reformas. Ausencia de una guía que articule el trabajo de, por ejemplo, los Ministerios, que desarrollaron acciones que incluso competían entre sí. De esta manera, los “resultados positivos” del gobierno que finalizó se debieron en la mayoría de los casos a propuestas y al trabajo de personas específicas; nada que haya construido una visión integral de país hacia dónde dirigirse. Y el tema cultural no fue ajeno a esta falta de dirección.

Ahora nos encontramos ante una nueva oportunidad de empezar a hacer un verdadero trabajo de base y a diseñar políticas que puedan, por fin, iniciar un camino para el desarrollo cultural de nuestro país.

En países como Chile, Colombia o México no es raro que una de las líneas de trabajo que está más cimentada y qué recibe mayor atención por parte del gobierno es el acceso al libro y el fomento de la lectura. No es exageración afirmar que estamos, por lo menos, treinta años atrasados con respecto a estos países en este tema, con quienes, por otro lado, queremos compararnos y articular una estrategia de cooperación conjunta por medio de la Alianza del Pacífico.

La FIL-Lima 2016 ha recibido, entre sus visitantes, a autoridades de Chile y Colombia vinculadas al libro y la lectura, y, tal como se escuchaba comentar a los asistentes a las conferencias en las cuales participaron estos ponentes extranjeros, da vergüenza nuestra situación y nos enfrenta a lo que una verdadera visión de Estado y una noción amplia de desarrollo pueden lograr.

El nuevo gobierno, que está por enfrentar este reto, no llega con las manos vacías: su plan de campaña era uno de los pocos que incluía una sección dedicada al tema cultural y uno de sus lineamientos estratégicos está dedicado al fomento de la lectura a partir de dos acciones: 1. Mejoramiento en el funcionamiento de las bibliotecas, y 2. La creación de un Programa Nacional de Lectura a llamarse Qillqarimay Perú. (Perú Ponte a Leer).

A pesar de que la sola mención de estos ejes de acción es una buena noticia, no basta con cruzarse de brazos y esperar que, este gobierno sí, cumpla con lo prometido. Además, como consecuencia del preocupante retraso que tenemos como país alrededor del libro y la lectura, la acción que tome el gobierno debe no solo ser decidida, sino urgente, prioritaria y frontal para enfrentar el problema.

Por este motivo, la propuesta de una agenda más amplia es necesaria, la cual debería, al menos, incluir las siguientes líneas de trabajo:

1. Normativa

Para generar un marco legal que garantice el trabajo efectivo y con resultados a corto, mediano y largo plazo, es necesario el diseño de políticas, normas y leyes para los distintos niveles del Estado.

• Política Nacional del Libro y la Lectura

Es fundamental definir una meta y qué se quiere. Por este motivo es necesaria la construcción y aprobación de una Política Nacional del Libro y la Lectura. Esta ha sido requerida al Ministerio de Cultura desde la Cámara Peruana del Libro y queda pendiente de iniciar un trabajo formal para conseguirla. Un camino puede ser constituir una comisión multisectorial con un plazo y un esquema claro de trabajo. Chile logró, a partir de la decisión de su presidenta, elaborar su Política Nacional del Libro y la Lectura, y su nuevo Plan Nacional de la Lectura en solo un año.

• Plan Nacional del Libro y la Lectura

El Reglamento de la Ley N°28086, Ley de Democratización del Libro y de Fomento de la Lectura (promulgada el año 2003), mandaba la elaboración del plan, sin embargo, la inoperancia del Consejo Nacional del Libro y la Lectura – Promolibro, y su Secretaría Ejecutiva (mientras existió hasta el 2011) y la poca atención que el Ministerio de Cultura ha tenido para impulsar su diseño, terminan en el escenario actual: más de diez años después seguimos sin Plan. Se necesita un Plan Nacional del Libro y la Lectura que articule el trabajo del Estado, con tres instituciones como base: Ministerio de Cultura, Ministerio de Educación y Biblioteca Nacional del Perú; y cuyo alcance llegue a otros sectores como el MIDIS, MINJUS, MIMP, PRODUCE, MTC, por poner algunos ejemplos. Este Plan, además, debería ser la guía para implementar planes similares a nivel de gobiernos regionales y locales.

• Nueva Ley del Libro

El 2015 se aprobó y promulgó una extensión del plazo de los beneficios tributarios de la Ley N° 28086, sin embargo, ciñéndose al código tributario vigente, esta extensión se dio solo por tres años y no podrá volverse a renovar. Se necesitará una nueva ley del libro antes de octubre del 2019. Es la oportunidad de confeccionar una ley que esté acorde a las necesidades que tenemos como país en este momento. Asimismo, una ley que tenga un alcance más integral, promoviendo temas decisivos como la implementación de redes de bibliotecas públicas, el fomento de la circulación del libro y la creación de un fondo con presupuesto que se utilice anualmente para la compra de libros para bibliotecas a nivel nacional, en becas para escritores y profesionales del libro, ayudas para movilidad, mecanismos de coedición y el impulso decidido a las acciones para el fomento de la lectura desarrollada por la sociedad civil, entre otras cosas.

• Otras leyes y normas

Tanto el Ministerio de Cultura como Biblioteca Nacional del Perú y el Ministerio de Educación necesitan normas y leyes que les permitan ejercer plenamente sus funciones. Algunas transversales como la necesaria Ley de Mecenazgo, modificaciones a la ley de contrataciones públicas para facilitar la compra de libros desde el Estado, modernizar la ineficiente gestión interna de la BNP o buscar mecanismos alternativos para el financiamiento de programas y acciones relacionadas al libro y la lectura —pienso en Colombia y el incremento mínimo del impuesto a la telefonía móvil para generar recursos destinados al deporte y a las bibliotecas, por ejemplo—. Darle facultades al Ministerio de Cultura para que pueda dar premios y apoyos en dinero (no, en este momento no puede hacerlo). También se debería promover, en base a indicadores de población, presupuesto y territorialidad la obligación de la Municipalidades de implementar y sostener bibliotecas públicas, lo cual necesitaría una precisión clara en la Ley Orgánica de Municipalidades.

2. Bibliotecas públicas

Uno de los síntomas de la agenda pendiente que tenemos como país frente al desarrollo es la ausencia de redes de bibliotecas públicas como puerta de acceso al libro, el conocimiento y al pleno ejercicio de la ciudadanía. Son además las bibliotecas el eje fundamental de cualquier programa, plan, campaña o acción de fomento de la lectura. Por este motivo, esta tarea no solo es imprescindible sino urgente.

Biblioteca Nacional del Perú debe tomar acciones decididas y rápidas para que sus aprobadas ley y reglamento del Sistema Nacional de Bibliotecas no se queden solo en el papel. Deben terminar de establecer los estándares para bibliotecas públicas e iniciar su registro a nivel nacional. Asimismo, su Dirección debe tener una labor de incidencia política con el objetivo de que se le asigne el presupuesto mínimo necesario para una compra anual de libros destinados a las bibliotecas públicas de la red del SNB.

De igual manera, se debe hacer un trabajo a nivel de gobiernos locales y regionales, más allá de los estándares y el registro, reforzando la importancia de la existencia de una biblioteca pública y su labor en el fomento de la lectura en la comunidad, la importancia de sostenerlas de la manera adecuada y que se empiece de una vez por todas a desechar el pernicioso mecanismo de querer implementar fondos bibliográficos en base a donaciones.

3. Fomento de la lectura

Se ha hablado ya de la importancia de tener un Plan Nacional del Libro y la Lectura. Y para poder conocer en qué nivel estamos como país, son necesarios datos y cifras. No se realiza una encuesta nacional de lectura desde el 2004 (la cual fue realizada por la BNP junto con la UNI y, en realidad, solo abarcó Lima). Se debe establecer un mecanismo de medición periódico que sirva para evaluar la aplicación de las políticas de fomento del libro y la lectura.

Se debe tener también en cuenta que no puede existir un real fomento de la lectura si es que no se trabaja con toda la población. Sí, es importante tener una acción decidida para cultivar el hábito lector en la infancia, pero si no hay un trabajo educativo a nivel de toda la sociedad, para empezar, esos niños y niñas no tendrán un refuerzo en su grupo familiar o en su entorno. Estamos tan atrasados a nivel de políticas, acciones y programas de lectura, que debe estructurarse una estrategia de shock, con campañas y alcance en todos los niveles y sectores. Y claro, un punto esencial —volviendo a él— serán las bibliotecas.

4. Industria editorial

Es indispensable entender la cadena de valor del libro, aquella empieza con el autor y termina en el lector, como un sistema en el cual lo que afecta uno de sus componentes repercute en los demás. El sector editorial peruano ha crecido en los últimos diez años y actualmente somos el sexto productor de libros en la región después de Brasil, México, Argentina, Colombia y Chile. Sin embargo, alrededor del 90% de las empresas editoriales en nuestro país son microempresas. Si se quiere que este sector continúe un camino saludable a su consolidación real como una industria son necesarios mecanismos claros para que esta gran base empresarial crezca. Los beneficios tributarios de la Ley del Libro han beneficiado en muchos casos solo a ese 10% de editoriales que restan. Simplificación para el acceso a los beneficios para microempresas, acceso a fondos de inversión, mecanismos de coedición con el Estado podrían ser algunas de las alternativas a tomar. Pero no se debe dejar de lado un punto primordial, la compra de libros. No solo para la implementación de bibliotecas escolares —como se ha dado hasta el momento—, sino también para dotar de libros a bibliotecas públicas, lo cual no se hace. Los procesos de compras deben ser transparentes, inclusivos y abiertos, para que cualquier microempresa pueda acceder a venderle al Estado. Una de las quejas de los lectores peruanos es el precio del libro. Si se amplía la base de lectores y se producen más libros, su precio de venta se reduciría, tal como sucede en países como México y Argentina.

No puedo dejar de lado el trabajo de la mesa de industrias creativas —que incluye al sector editorial— dentro del marco del Programa de Diversificación Productiva. Este debe continuar, y de una manera más efectiva. Un verdadero impulso a las industrias creativas se dará no solo “destrabando trámites” sino favoreciéndolas directamente con mecanismos y acciones específicas.

5. Fomento a la creación

Tenemos una tradición literaria reconocida a nivel mundial, sin embargo, no podemos quedarnos estáticos, congratulándonos por los logros del pasado. La creación de hoy es el patrimonio del mañana. Nuestro país tiene mucho potencial, escritores y escritoras de todos los géneros. No habría una producción de libros como la que tenemos sin la materia prima que es producto del trabajo de los autores. Se necesita fomentar la creación por medio de becas (de estudio y de proyecto); ayudas a movilidad, concursos para nuevos y autores con experiencia; difundir las obras de autores peruanos; crear una red nacional de talleres de escritura; emprender acciones para defender, desde el Estado, los derechos de autor, empezando por exigir con firmeza que se les pague cuando un municipio, gobierno regional o ministerio les publica un libro; entre otras cosas.

6. Fondos

Salvo el cine, que tiene una ley que le asigna un presupuesto anual para su concurso, ninguna actividad cultural cuenta con fondos para su promoción. La Ley del Libro estableció la creación de un Fondolibro (sin presupuesto) el cual, hasta el momento, no se ha hecho efectivo. Durante el gobierno que terminó se han creado fondos para innovación y tecnología. La creación de un Fondo de Cultura es una deuda pendiente y necesaria. Lo ideal sería un fondo integral en el cual se determine su aplicación para cada área. En el caso del libro, los recursos deberían estar orientados a todos los componentes de la cadena de valor: autores, editoriales, librerías, fomento de la lectura, entre otras, siguiendo el modelo de fondos similares que tienen países como Chile, Colombia y México (así es, nuevamente nuestros socios en la Alianza del Pacífico).

7. Circulación del libro

Nuestro país carece de librerías. No hay cifras precisas, pues no hay un mapeo formal de puntos de venta de libros a nivel nacional, pero se puede afirmar, sin dudas, que muchas ciudades a veces no tienen una sola librería. Y, en donde no hay librerías —ni tampoco bibliotecas públicas— se abre camino la piratería. Se debe reforzar el trabajo de las librerías, promover que los gobiernos regionales y locales favorezcan a la instalación de estas. Incluso abrir la posibilidad de que las direcciones desconcentradas del Ministerio de Cultura puedan convertirse en librerías en donde no las haya (con la normativa actual, estas oficinas solo pueden vender libros producidos por el mismo Ministerio).

Por otro lado, favorecer el transporte de libros. La Ley N°28086 promovía la instauración de tarifas postales preferenciales. Desinterés y falta de voluntad han hecho que esto no se cumpla. Si queremos que los libros lleguen a todo el país deben crearse mecanismos de promoción y bajos precios para el envío de libros.

Y también hacia afuera: se puede crear un Exportafácil específico para libros, o en el marco de la Alianza del Pacífico, aprobar facilidades para que los libros de los países que la integran puedan circular sin problemas ni trabas.


Hay mucho por hacer. Estoy seguro de estas propuestas mínimas se quedan cortas en muchos aspectos. Pero, lo reafirmo, solo con acciones decididas y voluntad política se podrán dar pasos para convertir al Perú en un país de lectores y estaremos dando un paso real en el tránsito al desarrollo integral que todos queremos. Tarea pendiente para este nuevo gobierno.


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